¿Salvos por gracia o por obras? ¿Se puede perder la salvación?

¿Salvos por gracia o por obras? ¿Se puede perder la salvación?

¿Salvos por gracia o por obras? ¿Se puede perder la salvación?

Es importante conocer en su plenitud la doctrina de la salvación, pues a causa de conocer solo una parte de la verdad, algunos se han ido a extremos peligrosos de uno y otro lado. Algunos usan el versículo que la fe sin obras es muerta para enseñar que tenemos que hacer obras para poder ser salvos, y otros se van al otro extremo al enseñar que a causa de que somos salvos por gracia, ya no hay que hacer ninguna obra, ni esforzarse por vivir en santidad. Quiero decirte que cada una de estas dos posturas tienen cierta verdad, pero a la vez no es la verdad total. Por eso en este video intentaremos dar una enseñanza general sobre el balance correcto entre la gracia y las obras.

Es importante comprender que hay una gran diferencia entre la “salvación” y la “santificación”. Cuando hablamos de salvación nos referimos al momento cuando uno nace de nuevo y es perdonado por Dios, pero también es necesaria una santificación diaria una vez que hemos recibido la salvación; esto significa comenzar a vivir una vida de acuerdo con lo que enseña la Biblia, una vida en santidad delante de Él. Y para trazar correctamente esta enseñanza con claridad, quiero basarme en tres puntos fundamentales.

En primer lugar, La manera para recibir la salvación, es SOLAMENTE POR GRACIA. No hicimos nada para merecer ni ganarnos la salvación. Nadie puede hacer acciones buenas para que Dios le perdone. La Biblia dice que “todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia ante los ojos de Dios”. Para ser salvo y tener paz con Dios, solo basta con creer en Jesús y recibir el regalo de la salvación, por fe. Así dice Romanos 5:1, que “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios.” La Biblia nos revela que nosotros somos dignos del castigo de Dios, pero Jesús llevó sobre Él nuestra culpa y castigo, para que todo aquel que se arrepienta y crea en Él como su Señor y Salvador, pueda ser salvo.

Un ejemplo claro de esto, es el ladrón de la cruz, quien no tuvo tiempo de hacer obras, sino que solo creyó por fe en el Senor en el último momento de su vida, y Jesús le garantizó la Vida Eterna. De manera que para recibir el regalo de la salvación y que Dios nos perdone, solo es necesario arrepentirse y recibir por fe a Jesús en el corazón.

Ahora bien, en segundo lugar, Cuando recibimos la salvación por gracia y “nacemos de nuevo”, el Espíritu Santo viene a vivir a nuestro corazón y comienza a dar fruto en nosotros como evidencia del nuevo nacimiento. Él nos lleva a la santificación y a practicar obras de santidad y pureza. El cristiano verdadero siente dentro de sí la necesidad de dejar las cosas que son pecado, y Dios le ayuda a santificarse y vivir para Él. Por esto dice la Biblia que la fe sin obras es muerta, porque si estamos en Cristo, la fe nos llevará a dar buenas obras y comenzaremos a dar fruto, el fruto del Espíritu Santo en nosotros. Antes mi carne pecaminosa hacía obras malas, pero ahora doy buenos frutos, no por mi poder sino por el del Espíritu Santo, quien vive dentro del creyente.

Aquí está la gran diferencia entre hacer obras para ser salvo y hacer obras porque soy salvo. Nadie puede hacer obra alguna para ganarse el perdón de Dios, algunos se afanan por justificarse delante de Él golpeando su cuerpo, flagelándose y haciendo obras de caridad, pero no lo consiguen pues para ser salvos, repito, solo hace falta creer. Pero una vez hemos recibido esa salvación gratuita, El Espíritu Santo nos impulsa a dar obras de santidad para Dios y nuestros semejantes. 

Por esto la Biblia dice que el fruto del Espíritu, o sea, lo que Él produce en nosotros, es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Al ser salvos, recibimos como parte de la salvación, la capacidad de dar buenas obras. Efesios 2:10 dice que fuimos creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales, oiga esto, Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. El que no es cristiano se afana por hacer buenas obras, pero el cristiano tiene dentro de sí un motor que le impulsa y capacita para vivir en santidad, y es mi hermano el Espíritu Santo.

Pero quiero establecer un tercer punto para aclarar que esto no significa que uno se desentienda de dar buenas obras, ni que porque uno haya recibido la salvación por gracia, ahora se duerma espiritualmente esperando recibir las obras también como un regalo automático para que Dios haga la obra en nosotros. Algunos no comprenden totalmente esta doctrina y dicen que si recibimos la salvación por gracia no podemos mantenerla por obras; pero ahí está el grave error, pues la salvación es el paso inicial, pero luego le sigue la santificación, y el que renuncie a la santificación puede a largo plazo apartarse de la salvación que inicialmente recibió; Y esta santificación sí lleva obras, sí requiere un sacrificio de renunciar a los deseos pecaminosos, no por mis fuerzas humanamente, no por mis fuerzas humanas, sino por el poder y capacidad que da Dios dentro del cristiano. Sencillamente, Hay una interacción directa entre la voluntad propia y el deseo de Dios para santificarnos. Gálatas, por ejemplo, nos habla muchísimo acerca de la salvación por gracia y no por obras, pero recuerde que ahí habla de la salvación como primer paso para recibir el perdón de Dios, para poder ser perdonados y santificados, pero luego hay un proceso que el cristiano lleva de santificación, y esto obviamente conlleva obras del cristiano, repito, no a través de mis fuerzas, sino a través de las fuerzas del Espíritu Santo

Y quiero decir esto claramente porque aquí estamos comprometidos en hablar la verdad cueste lo que cueste, aunque haya gente que no le guste. Cuando alguien se niega a dar las obras o frutos que Dios desea producir en Él y rechaza vivir en santidad y consagrarse para Dios, esa persona en algún momento será cortado y pudiera perder su salvación si no endereza su camino mientras hay tiempo. Si la muerte le sorprende dando pasos fuera de la voluntad de Dios, rechazando la santificación, la persona, repito, si la muerte le sorprende en ese momento pudiera perder el regalo tan precioso que ha recibido.

Me gustó mucho lo que alguien nos dejó en un comentario hace poco, que La salvación no se pierde por ella misma, de parte de Dios está segura, pero el hombre es el que la puede perder cuando decide no vivir en la santificación a la que el Espíritu Santo le impulsa cada día después de ser salvo. Jesús dijo: “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, el Padre lo quitará”. El que se duerme y no da frutos de santidad para Dios, Él, el Padre, el labrador, lo cortará y será arrojado en el fuego. Por tanto la Biblia nos exhorta “haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.” Fíjese como nos manda a corregir las cosas malas que hay en nosotros para que finalmente no nos arrastren y nos saquen del camino.

Es verdad también que alguien que no siente la necesidad de vivir en santidad y persiste en el pecado, muy posiblemente nunca nació de nuevo pues Juan dijo que “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica, o sea, no se entrega al pecado”. El cristiano siente dentro de sí una fuerza mayor que la tentación, y es el Espíritu Santo. Pero sí cabe la posibilidad de que alguien que haya nacido de nuevo, comience a dar frutos en el tiempo del primer amor y luego decida por voluntad propia apartarse de la verdad y no vivir más en la santidad que Dios quiere producir en él. En este caso, como dijimos anteriormente, la persona puede ser cortada y perder su salvación pues se ha negado por voluntad propia en vivir en la verdad, y Dios no puede ser burlado, porque todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. El que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; y el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. Pablo le dijo a los Corintios “si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.”

En la justificación no tenemos ningún papel que hacer, solo arrepentirnos y aceptar el regalo por gracia. Pero en la santificación tenemos un papel de responsabilidad y acción. ¿Sabes? El famoso predicador bautista Charles Spurgeon cierta vez dijo que: Dios es tan sumamente soberano como nosotros responsables. Pablo dijo que “la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente,” ¿Qué significa este versículo? Que la gracia nos enseña la santificación. Ser salvos nos impulsará a dar buenas obras para Dios, pero tenemos la responsabilidad de obedecer y vivir intencionalmente la vida cristiana.